Cuarto de siglo

Me prometió mi madre ver otro agosto
sin saber que desistí hace un cuarto de siglo,
hace ya tanto que el verano suena lejos.

El último baile,
criaturas del Señor!
No abandonéis mi carne flácida
en la higuera ardiente de sales.

Oh barro de todos los mares,
me habéis hecho verdadero,
clon de mi propia inercia.

El último día de agosto
al pan, vino o
cerveza de raíz insípida.
Al barro de mis huesos
carne flácida en la hoguera.

Pétalos de invierno

Abre el invierno sus pétalos de rosa
como laureados cielos que nos juzgan,
será tal vez el edredón austero
quien pueda aclimatar mis llagas.

Otro café en Armendáriz,
estamos borrachos de plomo,
de pan cuando marcan las doce.

Cala en mis huesos el frío
(como alguna vez caló tu corazón
siendo yo tan niño de alma).

Se hace fiebre mi despertar matutino,
diáfanas las pestañas que olvidaste
en algún lugar de la recámara.

Luciérnaga

Cada vez envejecen más pronto los días,
van y vienen longevos.
Ante mis amígdalas enfermas,
se abrevian las penas en licor.
Libando vamos de esta tierra
hasta saciarnos de tristeza.

Callan los muertos que jamás vivieron
solo van
y van.

Aisladas envejecen las noches
cuando dejan de aullar las chicharras.
Quién pudiera ser luciérnaga
en este húmedo sereno,
alumbrando como los ojos alumbran
cuando alguien se queda mirando.

Crustáceo

Nuestras son las tertulias
de cada jueves por viernes.
Ilustres los mercenarios
que visitan cada cuando
¡aunque quieran morir otro sábado!

Vanas son las vigentes tristezas
que llueven...
llueven como el sol llueve cada quincena
en los albores de la piel de crustáceo,
en la erisipela de este nuevo estiaje.

Frígidas estas longitudes que apartan
cuando, de madrugada,
es la hora de los insectos.

Lejos abandona la memoria
otros días otoñales en este mayo
que suena tan lejano aún,
como si fuera mi lágrima
lluvia helada en la piel cuarteada

y es que aún sangro tanto...

Longevo

Todo es una descarga,
un remezón a los nervios fatigados.
Todo es una arcada.

Es fluorescente la noche
de algunas primaveras.
Llora mi habitación sus alergias,
sus químicos, los bastiones de tu vestigio.

Ya me habré extinguido para entonces,
mis costados en ciénagas...
¡he de vivir en la greda!

Todos somos una amarga rodaja
el velo que tapa blancos ocasos.
Oscurecen bajo la longevidad del universo
y la prematura existencia de las almas.

Florece el botón del día nuevo,
no se ha dejado ver la nostalgia
que viene perdiéndose de esta calma.

La arcada de la última primavera,
extinta para este entonces,
me ha visto pecar de nostalgia...
¡sabe dios que he pecado!

Presencia

¡Resultó que la tierra rodaba!
va dando brincos
al tiempo en que intentaba ser.

Al final si respiraba
aire húmedo de estos cristos
que llueve en los niños
y que tan fácil se toma por tierra mojada.

Los diluvios
van
por dentro
al tiempo que intento ser
procesión de este entierro.

Sobraron aleluyas más que panes
y margarina de paz
con su grano fino
y el chamuscado hornero
a punto de despertar.

Resultó que la tierra giraba
no obstante el tiempo,
las tragedias diarias,
intentar ser
(y no poder).

Desnudo

Nos tocará ser tangente
                                     este invierno,
a s í n t o t a ,
mil celsius
en tus labios,
o mitocondria en los poros de otra vida.

¿Qué será de mi cactus cuando nieve?
de mi pobre salamandra
ahogada en este vino

         Como
sílice
         (en la bravura de la arena),
playa
         (en el humedal que fuera)
me deshidrato
en pleno         aguacero
          como
cuero
         (en el tanino de mis cabellos).

Respiramos arena
de esta niebla,
¡bajo la ropa todos vamos desnudos!
bajo
la carne
todos vamos.

Pellejo

Estas ganas de entibiar el espíritu
que va descalzo en cemento ardiendo.
¡Estas ganas de congelar!
pues voy doliendo cada vez un poco
sin lengua, sin paladar, sin jaqueca.

¿Llegará este año el invierno?
ojalá traiga vientos trágicos
que endosen la comedia de estos días.
¡Lo juro por mis huesos que aún tiemblan!,
Se cerrará la puerta atrás
como imán involuntario al filo del cuchillo.

He de haber nacido Dios
para no abandonar el agobio de mi carne,
la llaga que ahora es cáncer.
Cae el pelo, la gotera, la sien y hasta el pellejo.

¡Sanará el suplicio, hijo mío!
Tal vez madre,
tal vez
cuando este conjunto de átomos se haya desvanecido.

Desamortes

Caía el sol pálido de los martes
en los ventrículos abiertos de mis arterias,
en mi osadía
y en la camisa sin botones que traía.

Así me encontraste,
lamiéndome las heridas
que ahora son cajas en algún cajón de esta masa.

A todos nos llega, supongo.

Nos embargaron casa, cuerpo y canas
con el hoyo de un cañón en los nudillos.
¡Es que se me morían las manos!

Salía la cálida luz de luna
de la cutícula reventada en el próximo suelo.
¡Oh la despedida!
¡cuando anhelada, dulce es su espina!

Comprende pues, estos versos
que son celdas ardientes
en la casa de barro que viene cayendo,
cae a cuesta de mi osadía más sincera.
-¡Como si no hubiera pasado antes!-

¡Oh, Dios!
¿Me habré confundido de alma?

Lluvia

Un poco de frío este verano,
la locura encalla
el bote del sábado en la noche
que se hace más bien
domingo.

¡Bien me vendría apagar la tele!

Desearía...
desearía que mis brazos cuelguen
como la lluvia sabatina colgaba
del cristal de mi ventana.

Ahórrame estas penas
¡ahógamelas!
aunque la pantalla se torne negra
y vaya consumiendo(se)
¡aún cuando consuma el último destello!

Alcohol
(tormento de mis huesos)
cuando menos cambia de canal, ¿no?