Cáscaras

Padecemos ante el olimpo más alto
envueltos en dolores musculares;
merecía mejor vida nuestra ausencia.

Afligiremos, eventualmente, la cima solar de algún Sinaí.

Aún así lucharíamos un siglo más de torturas
solo por aliviar la oclusión de nuestras entrañas
en este yugo tan egipcio.

Entonces,
alabado sea el domingo entero
y su capacidad de mendigar pestañas,
tristezas como la de las mañanas apagadas
en este veinteañero tan anciano.
Alabadas sean las cáscaras que hoy pierdo
por descuido de los planetas,
en los picos altiplanos de náusea y etanol,
es este soroche tan propio de tu lejanía.

Carroña

El último baile
criaturas del Señor!
No abandonéis mi carne flácida
en la higuera ardiente de saberes!

(Me prometió mi madre ver otro agosto,
hoy que mi tierra se añeja infatigable.
Un cuarto de siglo de anestesia,
de daltónica piel reseca).

Oh barro de todos los mares!
me habéis hecho verdadero,
clon de mi propia inercia.

Es hoy el último día de agosto!
y al pan le queda solo harina,
uva sin vino que macera mis carnes
listas para ser carroña
por última vez este agosto.

Pétalos de invierno

Abre el invierno sus pétalos de rosa,
es el tamiz de nubes que Lima frecuenta
cada que el malecón impacta en la tierra.

Otro café en Armendáriz,
estamos borrachos de smog,
etílicos en la berma menos hambrienta.

Así se hace fiebre mi despertar encogido,
junto a diáfanas pestañas que olvidaste
en algún lugar de madrugada.

Y va calando en mis huesos el frío
como alguna vez caló tu corazón
siendo yo tan niño de alma.

Luciérnaga

Cada vez envejecen más pronto los días,
van y vienen longevos
ante mis amígdalas enfermas.
Se abrevian las penas en licor,
mientras libando vamos de esta tierra
hasta saciarnos de belleza.

Callan los muertos que jamás vivieron
solo van
y van.

Aisladas envejecen las noches
cuando dejan de aullar las chicharras.
Quién pudiera ser luciérnaga
en este húmedo sereno,
alumbrando como los ojos alumbran
en la mirada del ser amado.

Crustáceo

Nuestras son las tertulias
de cada jueves por viernes.
Ilustres los mercenarios
que visitan cada cuando
¡aunque quieran morir otro sábado!

Vanas son las vigentes tristezas
que llueven...
llueven como el sol llueve cada quincena
en los albores de la piel de crustáceo,
en la erisipela de este nuevo estiaje.

Frígidas estas longitudes que apartan
cuando, de madrugada,
es la hora de los insectos.

Lejos abandona la memoria
otros días otoñales en este mayo
que suena tan lejano aún,
como si fuera mi lágrima
lluvia helada en la piel cuarteada

y es que aún sangro tanto...

Longevo

Todo es una descarga,
un remezón a los nervios fatigados.
Todo es una arcada.

Es fluorescente la noche
de algunas primaveras.
Llora mi habitación sus alergias,
sus químicos, los bastiones de tu vestigio.

Ya me habré extinguido para entonces,
mis costados en ciénagas...
¡he de vivir en la greda!

Todos somos una amarga rodaja
el velo que tapa blancos ocasos.
Oscurecen bajo la longevidad del universo
y la prematura existencia de las almas.

Florece el botón del día nuevo,
no se ha dejado ver la nostalgia
que viene perdiéndose de esta calma.

La arcada de la última primavera,
extinta para este entonces,
me ha visto pecar de nostalgia...
¡sabe dios que he pecado!

Presencia

¡Resultó que la tierra rodaba!
va dando brincos
al tiempo en que intentaba ser.

Al final si respiraba
aire húmedo de estos cristos
que llueve en los niños
y que tan fácil se toma por tierra mojada.

Los diluvios
van
por dentro
al tiempo que intento ser
procesión de este entierro.

Sobraron aleluyas más que panes
y margarina de paz
con su grano fino
y el chamuscado hornero
a punto de despertar.

Resultó que la tierra giraba
no obstante el tiempo,
las tragedias diarias,
intentar ser
(y no poder).

Desnudo

Nos tocará ser tangente
                                     este invierno,
a s í n t o t a ,
mil celsius
en tus labios,
o mitocondria en los poros de otra vida.

¿Qué será de mi cactus cuando nieve?
de mi pobre salamandra
ahogada en este vino

         Como
sílice
         (en la bravura de la arena),
playa
         (en el humedal que fuera)
me deshidrato
en pleno         aguacero
          como
cuero
         (en el tanino de mis cabellos).

Respiramos arena
de esta niebla,
¡bajo la ropa todos vamos desnudos!
bajo
la carne
todos vamos.

Pellejo

Estas ganas de entibiar el espíritu
que va descalzo en cemento ardiendo.
¡Estas ganas de congelar!
pues voy doliendo cada vez un poco
sin lengua, sin paladar, sin jaqueca.

¿Llegará este año el invierno?
ojalá traiga vientos trágicos
que endosen la comedia de estos días.
¡Lo juro por mis huesos que aún tiemblan!,
Se cerrará la puerta atrás
como imán involuntario al filo del cuchillo.

He de haber nacido Dios
para no abandonar el agobio de mi carne,
la llaga que ahora es cáncer.
Cae el pelo, la gotera, la sien y hasta el pellejo.

¡Sanará el suplicio, hijo mío!
Tal vez madre,
tal vez
cuando este conjunto de átomos se haya desvanecido.

Desamortes

Caía el sol pálido de los martes
en los ventrículos abiertos de mis arterias,
en mi osadía
y en la camisa sin botones que traía.

Así me encontraste,
lamiéndome las heridas
que ahora son cajas en algún cajón de esta masa.

A todos nos llega, supongo.

Nos embargaron casa, cuerpo y canas
con el hoyo de un cañón en los nudillos.
¡Es que se me morían las manos!

Salía la cálida luz de luna
de la cutícula reventada en el próximo suelo.
¡Oh la despedida!
¡cuando anhelada, dulce es su espina!

Comprende pues, estos versos
que son celdas ardientes
en la casa de barro que viene cayendo,
cae a cuesta de mi osadía más sincera.
-¡Como si no hubiera pasado antes!-

¡Oh, Dios!
¿Me habré confundido de alma?