Positivo

¡Oh positivo
que escapas de mis venas!
cual boa enroscada en malabares.
Qué sabrán de esto, hoy, los muchachos
que solo saben de doble erres e i griegas.
Solo el rinconcito de ese gerundio.

¡Oh positivo que marginas
nubes de humo de opio
Inmemorable
como la segunda vez que se izó la bandera!

(Viene el pan y el café
y yo aún me sonrío.
Sin azúcar por favor).

Flores

Impactan los campos sembríos
en el iris que en cada atisbo de derrite,
cuando solo es otro nudo
la cosecha.

Habría que labrar los acabados fresnos
(en esta madrugada incipiente),
más aún que cualquier delirio
que logre masticar la menta de tus pechos.

Lejos del barbecho insolente
se llenan de soledades tus pistilos.
Podría yo ser de tus flores
el más feliz abejorro;
del conciso polen de tus ojos,
un insecto embustero.

Comería de todas las mieles tuyas
y un mate de clorofila seca
y así llegue aire nuevo a mis flacos pulmones.

Me susurran un poco de las vesanias
de tu aroma a
mar de pétalos
en esta seca mata verde
que brota aún
del más profundo de tus meristemos.

Bronce

Un naranjo reluciente tras el zaguán,
cuando el vapor aún escapa a nuestras bocas.
Un gato avispado atisba desde las mohosas tejas
a la vez que duerme
un jardín desorientado de tanta lluvia.

La luz de la tenue vigilia
resplandece en el sereno
mientras brillan unos astros en soledad
en este guarapo hervido, borracho de lunas.

Un ladrido alumbra con su llanto
la oscuridad de estas once que
    (¡cuán madrugada esta estrella!)
despliega un amor
quizás como el bronce de esta noche.

Sequía

Una gota de lluvia
para este suelo maldormido,
¡piedad por el amor de los colibríes!
Ha manado fuego de mi vientre,
quinientos treinta y tres soles
sobre mi lomo maltrecho.

Una gota de lluvia
para esta nívea ceniza
y la memoria de mis ardientes huarangos
pulmones chamuscados en la intemperie.

Solo una gota tayta inti
para aliviar el ardor de este suelo,
una gota y dejarán de llover mis pieles,
una gota que ampare esta maleza,

una gota tayta inti
(y volveré a verdear tus cerros).

Palmeras

El mejor amigo del machete
es el locro de frijoles
que le sienta al ayuno
como perdigón en la densa selva.

Caminante va al barro
en ausente compañía de los dioses.
La pacha llorosa en este diluvio.

Volaron un par de palmeras
en esta liturgia inmensa.
Volaron un par de alisos
en esta pampa que no termina.

Bajo el río
se entierra el pico de un gallo,
pesca un mercurio hambriento
por darle de comer a los hombres
que ¡ay! del pasto
viven sus ganados.

Ahora ú-nico queda cecina
lo que antes eran carnes de algún bejuco
que, en el inviable viento,
solo,
solito
se sustenta.

Lodo

Me desharía de mis melancólicos ojos
a trueque de ver los tuyos agitarse
pestaña a pestaña, pupilas legañosas,
un salto del corazón y siempre verde el cerro.

Las lluvias traen el mismo cobijo
que tu voz cuando ya me he deshecho,
cuando solo soy lodo a tu lado
en este aguacero despreocupado.

Me desharía de mis melancólicos poemas
por gatear bajo el cobijo tuyo
algún jueves por la mañana
ausente de granizos.

Entre mis cabellos guardas un atadijo
para cosechar cualquiera de los latidos del pecho
y dejarme hecho un nudo de temores
cuando tu sombra no abraza más este lecho.

Abejas

Morían las abejas al borde del sendero,
bajo la desnuda tierra que lloraba
¡ay! ¡qué veniales decesos para este bosque
rico en aguijones
cuando el céfiro, insistente, sopla!

Dormían por entonces las almas
en este mundo calato,
inane de gente como madres
que curen el desamparo
   de estos vientres.

Rondaban perezosos
los intentos por aferrarse a los sístoles
cuando, exhalando los pulmones vacíos
en este yermo humano sin tamaño,
las abejas morían.

Trsiteza

Cuando mi madre le preguntaba
al viejo mío
por qué ha de ser triste, tan triste
nuestro hijo,
escribía entonces versos más callados
para poder cernir mi ausencia.

Ha de ser como el ande, mujer,
hubo un tiempo en que supo ser jolgorio
mi triste, triste hijo.
Dibujaba yo, entonces,
retratos de mi hirsuta serranía.

Inundando el arenal de agua salada,
rodaba en mis pómulos
la serpiente de la tristeza mía.
Entonces me brincaba el ombligo
y de qué escribir ya no tenía.

Vino

He sido vid esta vida;
la parra puta que fermenta y destila,
destila
y destila
hasta teñir mis afrentas.

Como la uña que se entierra en piel,
se extermina mi andar
aferrado
en la obstinación del cuerpo
que cae
cuando se hace evidente la gravedad.

En el patíbulo
se queda mirando
el avinagrado deseo,
mientras enferma en vida
la uva.

Y así pasa.

Hay poco sol
donde mueren los brotes nuevos.
Bien los cambiaría
todos
todos
por una noche tuya.

La hija de mi hermano

La hija de mi hermano
es los ojos de mi madre,
lo doce ángulos de esas vidas.
Es el corazón de nuestro padre,
el misterio de los amores irracionales.

Yo, sin embargo
nunca he sabido ser luz
como el cegador destello
de sus sonrisas peculiares.

En ella habitan las promesas del abuelo,
los mundos infantiles
que creciendo vamos olvidando.

La hija de mi hermano
es los ojos divinos
que enternecen a este hombre
y los besos telepáticos que cada día mando.