Crustáceo

Nuestras son las tertulias
de cada jueves por viernes.
Ilustres los mercenarios
que visitan cada cuando
¡aunque quieran morir otro sábado!

Vanas son las vigentes tristezas
que llueven...
llueven como el sol llueve cada quincena
en los albores de la piel de crustáceo,
en la erisipela de este nuevo estiaje.

Frígidas estas longitudes que apartan
cuando, de madrugada,
es la hora de los insectos.

Lejos abandona la memoria
otros días otoñales en este mayo
que suena tan lejano aún,
como si fuera mi lágrima
lluvia helada en la piel cuarteada

y es que aún sangro tanto...

Longevo

Todo es una descarga,
un remezón a los nervios fatigados.
Todo es una arcada.

Es fluorescente la noche
de algunas primaveras.
Llora mi habitación sus alergias,
sus químicos, los bastiones de tu vestigio.

Ya me habré extinguido para entonces,
mis costados en ciénagas...
¡he de vivir en la greda!

Todos somos una amarga rodaja
el velo que tapa blancos ocasos.
Oscurecen bajo la longevidad del universo
y la prematura existencia de las almas.

Florece el botón del día nuevo,
no se ha dejado ver la nostalgia
que viene perdiéndose de esta calma.

La arcada de la última primavera,
extinta para este entonces,
me ha visto pecar de nostalgia...
¡sabe dios que he pecado!

Presencia

¡Resultó que la tierra rodaba!
va dando brincos
al tiempo en que intentaba ser.

Al final si respiraba
aire húmedo de estos cristos
que llueve en los niños
y que tan fácil se toma por tierra mojada.

Los diluvios
van
por dentro
al tiempo que intento ser
procesión de este entierro.

Sobraron aleluyas más que panes
y margarina de paz
con su grano fino
y el chamuscado hornero
a punto de despertar.

Resultó que la tierra giraba
no obstante el tiempo,
las tragedias diarias,
intentar ser
(y no poder).

Desnudo

Nos tocará ser tangente
                                     este invierno,
a s í n t o t a ,
mil celsius
en tus labios,
o mitocondria en los poros de otra vida.

¿Qué será de mi cactus cuando nieve?
de mi pobre salamandra
ahogada en este vino

         Como
sílice
         (en la bravura de la arena),
playa
         (en el humedal que fuera)
me deshidrato
en pleno         aguacero
          como
cuero
         (en el tanino de mis cabellos).

Respiramos arena
de esta niebla,
¡bajo la ropa todos vamos desnudos!
bajo
la carne
todos vamos.

Pellejo

Estas ganas de entibiar el espíritu
que va descalzo en cemento ardiendo.
¡Estas ganas de congelar!
pues voy doliendo cada vez un poco
sin lengua, sin paladar, sin jaqueca.

¿Llegará este año el invierno?
ojalá traiga vientos trágicos
que endosen la comedia de estos días.
¡Lo juro por mis huesos que aún tiemblan!,
Se cerrará la puerta atrás
como imán involuntario al filo del cuchillo.

He de haber nacido Dios
para no abandonar el agobio de mi carne,
la llaga que ahora es cáncer.
Cae el pelo, la gotera, la sien y hasta el pellejo.

¡Sanará el suplicio, hijo mío!
Tal vez madre,
tal vez
cuando este conjunto de átomos se haya desvanecido.

Desamortes

Caía el sol pálido de los martes
en los ventrículos abiertos de mis arterias,
en mi osadía
y en la camisa sin botones que traía.

Así me encontraste,
lamiéndome las heridas
que ahora son cajas en algún cajón de esta masa.

A todos nos llega, supongo.

Nos embargaron casa, cuerpo y canas
con el hoyo de un cañón en los nudillos.
¡Es que se me morían las manos!

Salía la cálida luz de luna
de la cutícula reventada en el próximo suelo.
¡Oh la despedida!
¡cuando anhelada, dulce es su espina!

Comprende pues, estos versos
que son celdas ardientes
en la casa de barro que viene cayendo,
cae a cuesta de mi osadía más sincera.
-¡Como si no hubiera pasado antes!-

¡Oh, Dios!
¿Me habré confundido de alma?

Lluvia

Un poco de frío este verano,
la locura encalla
el bote del sábado en la noche
que se hace más bien
domingo.

¡Bien me vendría apagar la tele!

Desearía...
desearía que mis brazos cuelguen
como la lluvia sabatina colgaba
del cristal de mi ventana.

Ahórrame estas penas
¡ahógamelas!
aunque la pantalla se torne negra
y vaya consumiendo(se)
¡aún cuando consuma el último destello!

Alcohol
(tormento de mis huesos)
cuando menos cambia de canal, ¿no?

Noche vieja

Se va el último ocaso,
se va llevando mis ansias.
Va haciéndose vieja la noche que nos cae
como el vidrio que estrella el cemento.

*Parlotean las polillas al viento luminoso
sin saber que, como ícaro,
sus alas se incineran*

De regreso al mismo punto en el cielo,
nada ha cambiado realmente...
excepto la resaca.

Memorias de río

Si sumergiera todo mi cuerpo
el río dejaría de andar
y nadaría conmigo como olas
huérfanas del mar.

Respiraría líquido elemento
hasta ahogar el dolor muscular.

¡Peronó!

Ya nadie baila el meandro,
y así me voy haciendo cocha,
laguna seca a la orilla oriental.

Recojeré mis harapos al perder la luna,
el río quizá me quite lo buceado
mientras el amanecer me guarde lo bailado.

Luz y paz

Cuánta penitencia soporta un alma,
si nunca supo ser músculo, piel o hueso.

Preferiría, entonces,
abandonar el purgatorio
y volver al averno que es la tierra,
si en ella hay aún ojos tuyos
que llenen el infierno de primaveras.

Cuánto, pues, traemos en los bolsillos
al dejar de ser músculo, piel y hueso.

Volvería, entonces,
a tratar de ser cuerpo
para sumergir las pesadillas
en la luz con que alumbras
las tardes oscuras de invierno costero.
Ser de tu paz en esta guerrilla
que a mi corazón destila.