Cáscaras

Padecen nuestros brazos
ante el olimpo
                      (ante el más alto)
          aún
cuando merecía mejor vida
  nuestra
    esencia.

Afligiremos, eventualmente, la cima de algún Sinaí
         sin olivos,
bésos o féretros.
Aún así lucharíamos
  un siglo más
    de torturas
solo por aliviar la oclusión de nuestras entrañas
en este yugo -tan egipcio-.

Entonces,
alabado sea
            el domingo entero
y su capacidad de mendigarle pestañas
a este veinteañero
tan,
tan anciano.

Alabadas sean
            las cáscaras
que hoy pierdo
por descuido de los planetas.
           Se van cayendo
en el altiplanos de náusea y etanol,
 en este soroche
                 [tan]
tan nuestro.

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